Los ancianos, un tesoro para nuestra sociedad

Los ancianos, un tesoro para nuestra sociedad

Normalmente, tendemos a pensar que la cultura es un factor que viene asociado a cada persona en función del lugar en el que reside o en el que ha nacido. Y no es para menos, porque está claro que una persona nacida en Senegal no tiene nada que ver en lo que a su educación, religión y posición social se refiere. Ni siquiera dos personas que viven en barrios situados geográficamente muy próximo tienen una cultura idéntica. Tenemos una tendencia a olvidar que dos personas que tienen una edad diferente tienen una cultura radicalmente diferente a pesar de que hayan nacido en el mismo lugar o a pesar de que sean padres e hijos.

España es un país en el que se hace evidente que la edad es un factor elemental a la hora de valorar la cultura de cada persona. Está claro que una persona nacida en los años 30 tiene una cultura, una nacida en los 60 otra y no que decir tiene que una nacida en los 90 o durante la primera década de los años 2000, otra muy diferente. Entre ellas pueden no tener absolutamente nada que ver. Los valores, los conocimientos y las costumbres de unos y de otros varían de un modo que a muchos de nosotros nos costaría mucho imaginar.

Dentro de esos grupos de edad, hay uno que, al menos en cuanto a número, parece dominar a todos los demás. No es otro que el de los jubilados. Parece claro que el hecho de que haya cada vez más personas que pasan de los 65 años dentro del país. Esto ha traído un montón de problemas en el plano político y también en el social. No sólo ha sido importante (y cada día lo es más) luchar para garantizar de manera firme las pensiones, sino también porque, según ya informó el diario El País, son muchísimas las personas que dentro de nuestras fronteras viven solas, sin familia. Entre ellas, muchos son ancianos y ancianas.

No hay nada más triste que una persona viviendo sola durante la última etapa de su vida. Y tampoco nada más injusto. Como consecuencia de ello, son muchos los sectores sociales, las organizaciones y las personas que se han puesto manos a la obra para conseguir que todos los mayores reciban una ayuda: la visita de alguien, un servicio que les permita estar cuidados y protegidos, facilidades en prestaciones como la sanidad y, en definitiva, una hilera de cosas que les permita enfrentarse con mejores garantías ante los desafíos a los que se enfrentan como consecuencia de su edad.

La tercera edad se ha convertido en imprescindible desde el punto de vista cultural para nuestra sociedad. Cuidar a nuestros mayores es, en cierta medida, la mejor manera que tenemos para cuidar de nuestra historia, procurar que no se olvide, aprender de los errores del pasado y, sobre todo, ver todo lo que hemos cambiado con el paso de las décadas, el paso previo a valorar todo lo que ha supuesto ese cambio. Por fortuna, una entidad como Sanvital, que guarda una relación directa con las personas mayores, ha constatado que el interés que han despertado los ancianos desde diferentes sectores sociales ha crecido de un modo bastante destacable en los últimos tiempos.

Un grupo de edad que también ha sido maltratado

Ni que decir tiene que no todo lo que les toca vivir a los ancianos cada día es fácil de ser contado. El tema de las pensiones que tan a la orden del día se encuentra es uno de ellos, el que, tal y como informó el diario Deia durante el pasado mes de febrero, llevó a miles de personas a realizar multitudinarias manifestaciones en ciudades como Bilbao, que se ha convertido en la principal fortaleza para reclamar una subida que hace justicia a todo lo que nuestros mayores se han visto obligados a soportar en sus respectivos trabajos durante muchos muchos años.

Los ancianos son las víctimas de una sociedad que con ellos parece haber sido completamente injusta tanto en materia económica como social. Incluso, el rechazo que muchos de ellos han sufrido ha venido de manera directa desde sus propias familias, una situación que no sólo resulta completamente vergonzosa sino que además habla a las claras del nivel de humanidad que tienen algunos españoles y españolas. Afortunadamente, y poco a poco, la sociedad avanza en este sentido y parece estar encontrando soluciones para hacer que la soledad no sea la compañera de viaje en la vida de nuestros mayores.

La generación del Baby Boom está a punto de llegar a la edad de jubilación y pasar de este modo a formar parte de un grupo de población que destaca por su enorme volumen. Defender sus derechos es una actividad que, hasta hace bien poco, muchos han defendido pero pocos han puesto en práctica. Las cosas están en visos de cambiar, pero está claro que quedan tantas cosas por hacer que cada avance parece muy pequeño en comparación. Cuidar de nuestros mayores es cuidar de uno de los tesoros más preciados de nuestra sociedad. Un tesoro que precisamente por antiguo tiene un valor que debemos considerar incalculable.

 

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