Zapatero a tus zapatos: el adiós de un oficio

No hace tantos años de aquello pero hoy en día no soy capaz de encontrar un profesional zapatero en mi barrio, ni alrededores, cuando antes había varios en cada ciudad. Parece que sea cosa del pasado, que haya sido un oficio de antaño pero cuando yo era niña mi madre, y mi abuela, aún llevaban los zapatos a reparar.

¡Hay que ponerle una tapeta al tacón! ¡Hay que reparar la suela! Eso ya no se escucha, ahora si se te rompe un par de zapatos los tiras y te compras otros, ¿o no?

Según curtidosytapicerias.com, proveedores de materiales para zapateros y otros oficios manuales, aseguran que son muchísimos los profesionales que se jubilan cada año y no hay nadie que ocupe su puesto en la industria.

La profesión de zapatero remendón, tan popular en las ciudades hace medio siglo, hoy es una artesanía en vías de extinción. Muy pocos son los profesionales en España que todavía mantienen vivo este trabajo.

Según estos profesionales, son muchos quienes llevan zapatos para arreglar y luego no los recogen y, por ende, no pagan la labor. Otros directamente, como ya hemos mencionado, prefieren comprarse unos zapatos nuevos en lugar de pagar 12 o 15 euros por poner una tapa nueva a los tacones y los jóvenes ni siquiera se plantean la posibilidad de acudir a un zapatero.

En Extinción

Todavía se pueden ver. Podemos llevarles nuestros zapatos más queridos y confiar en que ellos puedan devolverle la vida y el lustre que una vez tuvieron. Tenemos la oportunidad de visitarlos y evocar en su taller ese olor a cuero, viejo y nuevo, cada vez más difícil de encontrar. Igual que a ellos mismos, los zapateros, artesanos y profesionales que van cerrando sus negocios amedrentados por una industria del calzado que sustituye cuero por plástico y calidad por mediocridad. Aún es posible ir, conversar o tratar con los zapateros, pero apresúrese porque se trata de un oficio en extinción.

Desde el primer calzado que surgió en la Historia (miles de años atrás, cuando el hombre primitivo ató una piel alrededor de sus pies para protegerlos) y hasta hoy, la fabricación y reparación de calzado ha sido una profesión de artesanos apreciados y reconocidos por sus clientes (aunque a la vez, muy poco considerados socialmente), y en algunas ocasiones incluso ha alcanzado la categoría de arte.

Aunque se calcula que el oficio de zapatero ha nacido hace unos quince mil años, el que se considera como el zapato de cuero más antiguo del mundo tiene unos 5.500 años y se ha encontrado en Armenia. Se trata de una pieza de cuero vacuno con cordones y fue diseñado a medida.

En muchos rincones del mundo han aparecido restos, referencias o grabados en los que se muestra un calzado elaborado. En México, por ejemplo se puede ver a algunas estatuas de la civilización Olmeca (5.000 años A.C.) con una especie de calzado.

Aunque apenas se conocen las técnicas o útiles del oficio miles de años atrás, sí se conoce perfectamente cómo era el taller de zapatero hace unos siglos. Entre sus herramientas, cuchillas de acero para cortar el cuero, martillo remendón y galgo (martillo fino), manopla, tirapié, escarificador para realizar agujeros, horma de madera, estacas, tenazas ,escofina…

Si el artesano creaba calzado nuevo, era llamado maestro zapatero. Si lo que hacía era reparar, entonces su oficio era conocido como zapatero remendón o zapatero de viejo. Los zapateros también trabajaban con bolsos y complementos de cuero, como por ejemplo los cinturones.

Tres siglos atrás, el oficio de zapatero, al igual que otros artesanos como los herreros, carpinteros o sastres, estaba entre lo más bajo de las clases sociales. De hecho, el Rey de España en 1783 consideró necesario declarar la dignidad de estos oficios mediante una Real Cédula de S.M. y Señores del Consejo, en la que se declara que “no sólo el oficio de curtidor, sino también los demás artes y oficios de herrero, sastre, zapatero, carpintero y otros a este modo, son honestos y honrados y que el uso de ellos no envilece la familia, ni la persona del que los exerce, ni la inhabilitan para obtener los empleos municipales de la República en que estén avecindados los artesanos o menestrales que los exerciten».

Como en casi todos los oficios artesanos, el conocimiento y habilidades del zapatero se transmitían habitualmente de padres a hijos, o bien a jóvenes aprendices que ayudaban en el taller al tiempo que aprendían el oficio.

A día de hoy, muchas de sus herramientas desaparecieron y las técnicas se modificaron ante la aparición de los nuevos métodos de producción, del calzado de plástico, los tacones de goma prefabricados o el calzado menos duradero y concebido para usar y tirar.

Por eso, mientras pueda, confíe sus mejores zapatos a un buen zapatero. En sus manos expertas, el calzado de calidad lucirá mejor que nunca, será más cómodo que cualquier otro par que pueda comprar y, sobre todo, estará en contacto con un artesano que ejerce un oficio con 15.000 años de historia.