Esta es una pregunta que me trae de cabeza. Hay gente que no se lava los dientes y los tiene completamente sanos, sin una sola caries, sin un solo empaste… los tiene como si fuesen las personas más limpias e higiénicas del mundo, aunque no sea así. Y luego estamos los que, como yo y mi esposo, nos lavamos los dientes cada vez después de comer, después de merendar, de beber cualquier bebida azucarada… y, aun así, tenemos media boca empastada, tres muelas fuera y problemas de caries cada dos por tres.
¿A ti no te da rabia que esas personas que no se cuidan tengan mejor salud que alguien que sí que se cuida? Es algo que me ha traído de cabeza muchas veces, porque no llegaba a comprender cómo era posible siquiera que eso fuera posible. Pero luego, al investigar, comprendí que no solo entra en juego la higiene bucodental para tener los dientes sanos… entran en juego MUCHOS otros factores que no tenemos en cuenta, pero que pueden hacer que tengamos una boca más o menos sana.
Quédate conmigo y te los explicaré:
La genética y la forma de los dientes
¿Sabías que NO todos los dientes son iguales, aunque se vean igual? Todos tenemos 52 dientes, aunque parezca mentira. Pero que todos tengamos el mismo número de dientes e incluso los mismos tipos, no todas las personas tienen la misma forma en sus dientes. NO están “diseñados” por el mismo patrón.
Fíjate, mi cuñada tiene los mismos dientes que yo, pero ella tiene los dientes delanteros, junto a las paletas, más salidos, y eso le provoca que se le queden más restos de comida ahí metidos y que tenga más posibilidades de sufrir caries. Yo, por mi parte, tengo los dientes muy pequeñitos, pero mis paletas están separadas unos milímetros. Y mi esposo es todo lo contrario: tiene los dientes enormes, muy pegados y juntos, y eso hace que estén apretados y sea muy difícil sacarle los restos de comida. ¿Ves a lo que me refiero? Aunque todos tengamos el mismo número de dientes, la misma disposición en la boca, los mismos tipos de dientes… están formados y puestos de forma diferente, y esto hace que, aunque te los laves muy bien, tengas más probabilidades de que tengas caries por no poder lavártelos del todo.
Además, la genética también es importante en esto. El padre de mi esposo, por ejemplo, tiene una familia que desde siempre ha tenido problemas con las caries. Eran limpios, se lavaban… pero sus dientes eran más débiles y, a cierta edad, ya estaban cubiertos de caries o literalmente se les había caído media boca. Entonces, mi suegro ahora ya no tiene dientes, pese a que solo tiene 60 años, y va con una prótesis de quita y pon, porque no tiene más remedio. Me da miedo pensar que a mi esposo pueda pasarle lo mismo… pero la genética habla. Él es de las personas más limpias que conozco, no para de lavarse los dientes, pasarse el hilo, echarse colutorio… y, aun así, tiene varios empastes, varios dientes fuera y tiene dentista el mes que viene.
Es un caos total, pero la genética y la forma de tus dientes afectan mucho.
Tipo de saliva y cantidad de saliva que segregues
Todos sabemos qué es la saliva, pero no para qué sirve en realidad: es lo que nos ayuda a limpiar la boca y nuestros dientes, sirve para limpiarla. Quita restos de comida, neutraliza ácidos y ayuda a que las bacterias no pasen de ahí. Vamos, que, si tienes una buena saliva, tienes más opciones de tener una boca más sana, ¿Qué pasa? Que, cuando hay buena cantidad de saliva, no se nos queda pegado todo en los dientes después de comer, y la acidez de los alimentos no nos hace tanto daño. Así que tener una buena saliva nos ayuda mucho a estar sanos.
Pero, cuando hay poca saliva, la boca se seca y su limpieza es muchísimo menos efectiva que la de los demás, porque lo que comes se queda más tiempo pegado a los dientes, y las bacterias no tienen la defensa natural el cuerpo humano para echarlas, así que entran y se alimentan de tus dientes como les da la gana. Por ejemplo, como cuando te levantas por la mañana con la boca seca. Eso ya te está diciendo que durante la noche no has hecho mucha saliva, y si encima duermes respirando por la boca (como yo, por culpa de la alergia que no me deja respirar en condiciones), todavía peor, porque el aire reseca toda la boca y mengua la protección natural de nuestra boca.
Ah, bueno, piensa también que no toda la saliva es igual. Hay personas que tienen una saliva más líquida y equilibrada, y esa limpia mejor. Otras, en cambio, tienen una saliva más espesa o incluso más ácida, que no protege igual y que encima puede hasta favorecer a que las bacterias entren como Pedro por su casa. A todo esto, súmale cosas como el estrés, cierto tipo de medicamentos que resecan la boca, o el simple hecho de no beber suficiente agua, y tendrás una saliva en menor cantidad o de menor calidad.
Técnica de cepillado (no es solo hacerlo)
Esto lo aprendí en biología, cuando estaba en 2º de la ESO. Yo pensaba que lavarse los dientes era poner la pasta en el cepillo, frotarse dos o tres veces y listo, te lo enjuagas y ya has echado a todas las bacterias de la boca. Pero no podía estar más equivocada… La profesora vino con un caramelo azul que, cuando lo mordíamos, nos tintaba todos los dientes de ese color. Y nos dijo que, para quitarnos ese color azul, solo teníamos que lavarnos los dientes. ¿Qué quería mostrarnos con eso? Simplemente si sabíamos lavarnos los dientes.
Bueno, descubrí varias cosas: sí, había quien se lavaba bien los dientes… y había otros, como yo, que sin duda no sabíamos lavárnoslos. Yo me lavé los dientes como siempre… y, aunque se fue la mayor parte del azul en la parte genérica de los dientes, los huecos, la base y la corona estaban completamente azules, como si no les hubiese dado. Ahí, la profesora nos explicó que no bastaba solo con lavarnos los dientes, sino que teníamos que lavárnoslos BIEN. Nos explicó que existe una técnica de cepillado de dientes correcta para que las bacterias se fuesen, y que eso era lo que quería explicarnos en esa clase.
¿Cómo lavarse correctamente los dientes?
- Tiempo de cepillado, de 2 a 3 minutos: Y esto no lo respeta nadie. La mayoría nos lavamos los dientes en unos pocos segundos, pero este es el mínimo para poder repasar toda la boca varias veces y eliminar todos los restos de comida.
- 2 veces al día mínimo: Una por la mañana y otra antes de dormir. La de la noche es la más importante, piensa que por la noche es cuando la boca sigue “activa”, pero no la lavamos porque estamos dormidos. Por eso, dejarla sucia antes de acostarse va a hacer que tengas más problemas en el tiempo.
- Orden de limpieza: No te saltes ninguna parte, porque eso es peligroso. Sé que es un trabajo tedioso, pero divide la boca en zonas y dedícale varios segundos a cada una de ellas para asegurarte de que se ha limpiado bien.
- Técnica del cepillo: Usa movimientos suaves en forma de círculos pequeños o de arriba abajo. Piensa que la parte de las encías también acumula bacterias, así que intenta que las cerdas no sean solo para arriba y hacia abajo, sino con movimientos que echen la suciedad hacia fuera y no la arrastren bajo las encías.
Elegir un cepillo adecuado
La técnica importa, pero también el tipo de cepillo que utilizamos. Desde Clínica Dental de Arcos explican que su tamaño, forma y textura deben adaptarse a las necesidades de cada persona. Como orientación general, recomiendan utilizar cerdas de dureza media, capaces de limpiar correctamente sin dañar las encías. Aun así, ante sensibilidad, problemas periodontales, ortodoncia u otras necesidades específicas, lo más adecuado es consultar al dentista qué tipo de cepillo conviene utilizar.
Bacterias y equilibrio de la boca
Piensa que en la boca hay bacterias, tanto buenas como malas, por si no lo sabías. El problema real aparece cuando hay más malas que buenas, y cuando estas someten a las buenas. Entonces, las malas se sublevan y toman el control de tu boca, y es ahí cuando empiezan las caries y las enfermedades bucodentales.
Las bacterias malas se alimentan de los restos que se quedan entre los dientes, sobre todo de azúcares y de restos de comida. Y cuando comen, además de hacerte daño en los dientes, también producen ácidos, que es el que ataca al esmalte. Cuando el esmalte se desgasta, el diente es más sensible: a otras bacterias, al frío, al dolor… y al principio no se nota, pero con el tiempo ese desgaste se acaba convirtiendo en caries.
Pero no, esto no pasa SOLO por lavarse o no lavarse los dientes, porque, aunque te cepilles, si las bacterias ya están en su salsa, pueden volver a recolonizar la boca muy rápido. Míralo, por ejemplo, como cuando limpias el suelo de tu casa: que si lo limpias, pero sigues dejando la puerta abierta, lo dejas expuesto a que entre suciedad otra vez.
O sea, que, como has visto, mantener un equilibrio en la boca entre bacterias buenas y malas es otro condicionante que te va a proteger contra las caries. Da igual que te limpies mucho los dientes que, si tienes un equilibrio malo, te van a salir. Por eso es importante hacer ciertas visitas anuales al dentista y que te mire todo muy bien, para prevenir todos estos problemas.
Tener caries no significa que no te laves bien los dientes
Ya has visto que la mayoría de nosotros no tenemos caries por no lavarnos bien los dientes, sino por ciertos factores externos a nosotros que hacen más fácil que nos salgan, como mi esposo y su familia con antecedentes de caries.
Con esto no quiero decirte que no te laves los dientes, al revés: que te los laves BIEN, que vayas al dentista de vez en cuando para ver si algo falla en tu boca, y que tengas en cuenta otros factores que pueden estar perjudicándote.







